Cejar, si se olvida los motivos por los que soñamos
-triaca contra el miedo,
empello de los impávidos-
concurre la incertidumbre,
se ponderan los riesgos
y se reserva lo que se sabía abnegado;
la jindama engulle a la voz,
escueza al alma
y yanta al denuedo.
Cejar, si no se columbra al menos el horizonte
se escurre la aventura,
los mil secretos que develar.
Si se traiciona a los instintos
nos privamos del privilegio de sabernos vivos,
nos olvidamos de disfrutar las correrías, de divertirnos.
Cejar, parece que es necesario que la cuita del fracaso cierna
para arremeter y recuperar el estro.
-triaca contra el miedo,
empello de los impávidos-
concurre la incertidumbre,
se ponderan los riesgos
y se reserva lo que se sabía abnegado;
la jindama engulle a la voz,
escueza al alma
y yanta al denuedo.
Cejar, si no se columbra al menos el horizonte
se escurre la aventura,
los mil secretos que develar.
Si se traiciona a los instintos
nos privamos del privilegio de sabernos vivos,
nos olvidamos de disfrutar las correrías, de divertirnos.
Cejar, parece que es necesario que la cuita del fracaso cierna
para arremeter y recuperar el estro.