jueves, 18 de agosto de 2016

Kairós

Carta a mi amigo juglar

Hoy te escribo esta carta
aunque sé que las olas amainadas
tardaran en conducirla hasta tu playa.
Hoy quiero decirte que eres mi paz,
la liga de muérdago que ata a mi alma.
Que no encuentro momento más oportuno que éste
para decirte cuánto te echo de menos.
Que, tal vez, tampoco te dije cuánto te quiero
y cuánto te debo.

Que un ciclón amenazó estas costas
-seguro lees los diarios-
pero aun la tormenta que pasó
me arrojó contra ésta impía Sicilia,
que mi alma abigarrada no dejaba de conjurar cíclopes,
que me cuesta volver a armar mi nave rota.
Que a veces tengo miedo y otras me siento sola.
Que parece sólo una leve ascua
la que arde en mi pecho.

Pero los caracoles que traen tu voz
me recuerdan lo que fuimos, lo que decidimos ser,
que no hay momento más oportuno que éste
para volver a luchar por ese mundo mejor
que tanto soñamos.
Hoy te escucho más claro
y me invitas a batir espuma con los remos,
que no le temía al agua sino a mi reflejo en ella,
e inesperado anhelo de futuro emerge,
como un fruto que se encuentra bajo el claro de la luna,
aroma refrescante de limón,
brisa estival acariciando nuestro rostro.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Soneto de estío

Mientras te espero
estrellas fugaces
incendian el cielo,
mundos despedidos.

Presa como mosca
en cera caliente,
ardo en olvido,
caigo en desazón.

Pues traes retraso,
pero llegas, pleno.
La noche reclama,
éste, nuestro estío.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

La cima del mundo

Sentirnos en la cima del mundo,
simplemente lograr hacer eso
que no creíamos posible lograr hacer.

Sentirnos libres,
porque sabemos que no necesitamos más que de nosotros mismos,
y sin dependencias podemos seguir a nuestro ser.

Sabernos sabios,
porque lo que no se consigue con un chasquido de dedos,
tampoco se retira de la misma forma.

Sabernos invencibles,
porque estamos encima de nosotros mismos,
ésa es la cima del mundo.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Como si pudieramos

Como si pudiéramos
tomar las riendas de la vida que,
cual potrillo desbocado por las avenidas,
vaga sin rumbo,
y hacer del destino
un futuro.

Como si pudiéramos
aceptar la blancura irreprochable
de la garza que señorea
en las orillas cenagosas.
O develar el misterio inextricable
de la única hoja que el viento
dispone hacer vibrar en el cañaveral.

Como si pudiéramos
hacer que el miércoles
que, torpe, quiere huir con nuestros recuerdos
se rinda, cansado, a la vuelta de la esquina.

Como si pudiéramos
hacer que la gota de tinta,
en forma de palabras,
caiga sobre la hoja
y escriba las páginas de la historia.

Como si pudiéramos
tomar las riendas
y hacer del destino
un futuro.






domingo, 17 de febrero de 2013

El fin del trayecto

(Con el permiso de un juglar)


Violeta recibió una mañana un llamado para comparecer ante el mismo tribunal que dictaminó darle su trabajo. Al recibirla, quien lo presidía se dirigió a ella diciendo. “Se preguntará, ¿por qué la hemos llamado? Bueno, sabrá usted, los tiempos están por vencerse. Ha cumplido, además, con el trabajo satisfactoriamente, tanto con los cuidados como con la discreción que esta asignación demandan, aun por encima de usted misma. Nos preguntábamos, Violeta, ¿si es esto lo que usted desea?” “La decisión que tomé es irrevocable” contestó Violeta con ímpetu. Con una sonrisa en el rostro el Presidente la miró y le replicó, “no le pregunto lo que decidió, le pido que hoy decida. Ha pasado tanto tiempo, tantos inviernos. Ha logrado acallar todas las suspicacias en su contra, y no sólo eso, ha ganado respeto. ¿Tiene hoy necesidad de seguir con esto? No mire a sus compañeros, es a usted a quien va dirigida la pregunta. Señorita, se lo vuelvo a preguntar, ¿ratifica o rectifica? Sabemos que estuvo repasando viejos contratos, viejos recuerdos y a quienes usted gusta llamar amigos. No tiene que mentir, a cualquiera seducirían, incluso por encima de toda pasión.”

Violeta dejó la sala cabizbaja. Al bajar las gradas y cruzar la explanada del Palacio Real la decepción ya había disipado la ofuscación que sufría en su mente, ¿a quién engañar? Ya había claudicado. Toda ella vibra cada vez que repasa sus viejos repertorios. Luego todo se calma y se vuelve umbroso, el vértigo sustrae su mundo que cae en derredor. Hoy se trata de qué quiere para sí. “Puede tomarse el tiempo que necesite, esta decisión determinará su vida, su futuro, su anonimato. Su trabajo aun es heroico, supo cuidar de cada instrumento de Palacio con el mismo respeto y amor con el que cuidó el suyo el día en que audicionó.” Fueron las últimas palabras del tribunal. Violeta no dudó en pensarlo y tomarse más tiempo del que supondrían muchos. No quería asumir su respuesta, que era, claro, negativa.

Ve caer la lluvia desde su ventana como si ya nada tuviera sentido. El olor a tierra mojada, los pájaros variopintos volviendo a trinar después de la tormenta, la tarde con truenos y la brisa húmeda de verano. Permanecía impasible allí, en la ventana de la casa de campo de una tía donde habría de pasar los meses del estío. Había plantado los cimientos de un alcázar que tal vez no quisiera levantar. Tal vez, nada más corte de un golpe de hacha el árbol con todos sus frutos sin madurar.

Mientras los espectros atacan, febriles, por las noches con estruendo horrísono el sol limpia la vergüenza por la mañana. Desea que algo de todo eso que la frena, que fue motivo y tuvo la fuerza para significar volver la mirada atrás sepa reír con ella cuando haya partido, tanto como ella les desea la mayor felicidad. Violeta sabe que a la verdad no se adhiere por amor o romance, ni por conveniencia sino por necesidad. Sabe que la verdad es necesaria y que es primordial. Aun así, le falta ánimo para decidir con prudencia.

Las campanas sonaban en el pueblo la tarde en que Violeta volvió, la verdad se anunciaría. Al fin del trayecto Violeta decidió dejar ir el pasado para poder ser ella misma, pequeña, pero ella misma. No era Paganini, pero formaba sonidos increíblemente dulces cada vez que se escuchaba a sí. Y todo el pueblo celebraba con ella poder volver a escuchar esos instrumentos compuestos de maderas de años tan duros.


viernes, 15 de febrero de 2013

Tener que odiarte

Tener que odiarte,
mi esperanza,
mi brújula,
el tutor de todos mis vicios,
mi motivo para crecer.

Delante mío, el abismo
que había dejado atrás,
trenes sin destino aparente
esos, fáciles de abordar.

Si un error cometí,
suplico tu indulgencia,
no me dejes la severidad de tu rechazo,
no dejes que se debilite nuestra noche.

Sin requiebros,
¿qué vas a hacer sin mí?
¿Con el amor que un día me profesaste?
Con versos simples,
con versos parcos
quiero decirte
que no quiero que te marches.

Vence tu orgullo
y  mira adelante
¿con quién sin mí?
Si no es conmigo
sin tu esperanza,
tu brújula,
el tutor de todos tus vicios,
sin tu motivo para crecer.

Porque no quiero tener que odiarte
y dejar aquí mis sueños.
Escucharme y saber
que no quiero marchar,
quiero estar a tu lado,
por siempre a tu lado.
Serenar tus miedos,
que me mires de frente
y lograr tu encuentro,
que creas en mí,
que creas en ti
y en este amor que te tengo.

No podré hacer nada
si decides esconderte.
Dame una señal,
así sabre si esperarte,
para poder amarte
y no tener que odiarte.

viernes, 8 de febrero de 2013

Que seas feliz

No bajo los brazos
hoy tan solo quiero
que seas feliz,
sin más sugerencias
ni lamentos.
Por eso brindo,
a Dios le pido
que seas feliz.