Como si pudiéramos
tomar las riendas de la vida que,
cual potrillo desbocado por las avenidas,
vaga sin rumbo,
y hacer del destino
un futuro.
Como si pudiéramos
aceptar la blancura irreprochable
de la garza que señorea
en las orillas cenagosas.
O develar el misterio inextricable
de la única hoja que el viento
dispone hacer vibrar en el cañaveral.
Como si pudiéramos
hacer que el miércoles
que, torpe, quiere huir con nuestros recuerdos
se rinda, cansado, a la vuelta de la esquina.
Como si pudiéramos
hacer que la gota de tinta,
en forma de palabras,
caiga sobre la hoja
y escriba las páginas de la historia.
Como si pudiéramos
tomar las riendas
y hacer del destino
un futuro.