sábado, 30 de junio de 2012

Apología

Soneto a mis fábulas,
alegato de una moral,
arguyo de una vida errante.


***

En medio de la celada
la recua querellante
esperando una contrita respuesta
al díscolo conminó.

Por su prevaricación y contumacia
el hato, soez, increpó
para vituperar y aherrojar al inaudito
por su subrepción.

Y éste, cabal,
avezado en tales iniquidades,
ya sin esperar remisión ni clemencia
arreció con tesón.

Anclado en su pábulo
 sin desmayar la voz ni cantar la palinodia
y sin ambages infrangible prorrumpió
"quería que las estrellas me miren con respeto".



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