Soneto a mis fábulas,
alegato de una moral,
arguyo de una vida errante.
arguyo de una vida errante.
***
En medio de la celada
la recua querellante
esperando una contrita respuesta
al díscolo conminó.
Por su prevaricación y contumacia
el hato, soez, increpó
para vituperar y aherrojar al inaudito
por su subrepción.
Y éste, cabal,
avezado en tales iniquidades,
ya sin esperar remisión ni clemencia
arreció con tesón.
Anclado en su pábulo
sin desmayar la voz ni cantar la palinodia
y sin ambages infrangible prorrumpió
"quería que las estrellas me miren con respeto".
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