viernes, 27 de julio de 2012

Ícaro


Falté a mi epístola la semana pasada. Te decía, ya no quiero mirar a este mundo errante. Esa es la palabra que el atropello de mi premura e impotencia me impedía encontrar. Así que ahora te voy a mirar a vos, te busco aunque en materia de ausencias parece estar todo dicho. Ahí va un nuevo desafío para mí, un nuevo tribunal a quien agradar. Para vos, una trampa. Te dejo esta historieta.


Comandabas tu puesto,
gallardo, detrás del cristal de tus lentes
con tus rizos albos
ya un hombre preparado
aunque no llegabas, párvulo,
a apoyar tus sucintas piernas en el piso,
cuando me acerqué al quiosco
como buscando al encargado.
-Fo!
Te mordías los labios
fastidiado de que nadie te reconozca.
-Disculpá. Hola, ¿tenés el número de la tirada de Gredos?
Atónito quedaste ante la primera pregunta.
-¿No sabés?
-Ah, no.
Supongo, supiste que aún no estabas preparado
para atender solo el quiosco de diarios y revistas de tu abuelo.

Ícaro, te creés preparado para todo
menos para venir a mí.

viernes, 13 de julio de 2012

A donde estés

A donde estés,
quiero decirte
que me siento tan señera,
cuando me figuraba la decadencia
pensaba en cualquier cosa menos esto, vacío,
el mundo se quedó vacío.
¿Dónde están los padres del mañana?
Los soñadores que trazan en el aire el futuro con sus yemas,
miedo, no son más que miedo.
Mi voz no tiene eco,
no encuentro serranías donde verla reflejada,
el mundo está llano, en penurias.
Y hay quien quien cree poder ultrajarnos 
como si no fuésemos nuestros.


Quiero el ánimo de tu sonrisa rubicunda
el pacto bisoño de tus ojos,
podríamos hacer al mundo nuestro
mientras todo oscila y cae,
no opondrían resistencias.
Yo, ya no rehúso ser alguien que viaja
pero te espero
porque no sé que presencias reclamabas al reloj
la última vez que florecieron las camelias,
y por acá ya florecen otra vez.
Así que, a donde estés,
te espero
para romper el cristal de la mañana
y eclipse de la tarde,
te espero.