Prerrogativas, elixires y
sortilegios
en este Diciembre de Jazmines
donde el rocío es escarcha
que amenaza con quemar el ayer
y ya no hay más estación que la
incierta.
Pero el corazón insufle al alma
y la integridad es baluarte,
mientras que la volubilidad
expira.
Seremos la hoz temprana
que siembra los jardines eternos
del presente.
Seré breve,
hasta aquí las
prerrogativas, elixires y sortilegios que alguna vez me hicieron sonreír.
Masajes para el alma. Ser yo, ser para mí, ser en el mundo, con y hacia el
mundo. Dos años de trabajo concluyen aquí. Dos años llenos de búsquedas,
suspensos y errores se aúnan. Dos años que más los padecí antes que
disfrutarlos. Dos años llenos de momentos, hoy sólo guardo risas. Y si bien,
siempre supe de mi privilegio, de mi privado privilegio, hoy no soy más que
desborde. Desborde de agradecimiento, de felicidad, de mañana, de lo que vendrá
y de lo que seremos. Hoy no soy más que gracias, por este Diciembre de Jazmines
que escarcha. Gracias, eternamente gracias.
También
encontré lo que faltaba, dejarme tocar el corazón. Poder amar, ¿eso faltaba? Romper
el pedernal (de mi egoísmo). Poder cantarle al amor, querer tus ojos, reconocer
rostros y sonrisas, la mía estaba fría. Adiós al ayer que escarcha, y que no
tendrá sudarios. El ayer no tendrá sudarios.
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