Un ángel llora
imbuido en las promesas de un Dios
que a su mundo le ha asegurado
la protección de mil guerreros,
la luz de zigzagueantes luciérnagas,
la compañía de cachorros y felinos
y la felicidad pueril.
A su auspicio,
la doncella al punto llora y ríe
en la mañana de cuadernos nuevos
cuando ya no importa más nada,
mañana que se escapa entre lluvias y soles.
Tras la tormenta la huerta se mantuvo incólume, templada y serena,
cuantos cantos distintos tiene la mañana.
No salgas estas noches
al encuentro de delfines domeñados,
que pronto sabrán recuperar su estrella.
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