si vence el orgullo,
si no nos encontramos esa tarde
esteremos resignando el mundo que hemos soñado,
que ya no tendrá protagonistas,
cuando los guardemos en el ropero
donde ya nadie los pueda ver.
Todo se tornará umbroso, lleno de oquedad.
Prefiero ser yo quien encuentre los sueños vejados de otros
y descubra que también son los míos,
que también han sentido como yo,
que no bajé los brazos,
que no poseo más zapatos de los que puedo calzar,
que vamos a mirar altivos al horizonte,
que seremos mañana.
No hagas que agazapada entierre en el ropero,
de espaldas a él y con las manos en el suelo,
al mundo que soñé.
Para que otros los encuentren
y, finalmente, los cambien por símbolos de satisfacción.
Ven aquí,
no temas,
sonríe como antes
y dime tu nombre
que yo te haré saber el mío.
Vamos! hacemos la pregunta equivocada,
que ambos nos reconocemos bien,
tú eres mi guerrero.
***
Ya ves, no me resigno
a errar esa tarde,
no me resigno
a desobedecer el camino que marca mi corazón,
no me resigno
a no ser la protagonista de mis sueños,
no me resigno
a aletargar la sonrisa universal,
no me resigno
a no poder ver el mundo color naranja
y que las Princesas badajeantes me reverencien
si ese es el precio a pagar,
no me resigno
a no ser mujer,
no me resigo
a no habitar nuestros propios recintos,
no me resigno
a tu ausencia,
no me resigno
a dejarte las heridas abiertas,
no me resigno
a enmudecer mi voz,
no me resigno
a que no sea este el momento de nuestras vidas.
Hoy más que nunca
no me resigno.
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